No sin mi paranoia

He observado la cara implacable del tiempo; implacable pues todo cuanto dice es que lo que ahora hagamos o digamos, todo aquello que amamos y despreciamos, nuestros mayores anhelos y miedos, nuestro futuro y nuestro pasado, serán pronto sólo arena flotando en el eterno viento de los eones.

lunes, 13 de julio de 2009

Tradición

Traición, adicción, maldición. El cheque en blanco del que no puede, no quiere, y aún peor, no cree que debe justificar sus actos. Tradición es el comodín que le permite al fanático cometer las barbaridades que de otro modo le estarían prohibidas. Tradición es por obra y gracia de Dios, y esta conversación se ha terminado.


De esta tradición en concreto los amantes de la tauromaquia dicen que es un arte. El arte de acuchillar un animal inocente salvajemente y sin piedad, para que se desangre lentamente, hasta que apenas puede mantenerse en pie para que cuando el matador le atraviese la espina dorsal, los pulmones y el corazón de una estocada, pueda ser llamado héroe.

Pero no hay heroicidad en sus acciones, ni enfrentamiento honesto en su batalla. Es un cobarde que se enfrenta armado a un animal debilitado para que un grupo de personas, por llamarlos de alguna forma, se deleiten con la matanza injusta. No hay mayor hazaña en esta obra que la que hay en la de un carnicero que descuartiza pollos y cuartos traseros. Incluso esta comparación me parece injusta, porque el carnicero lo hace con animales que ya están muertos, y lo hace para ganarse la vida.




Ellos quieren ver un animal salvaje, furioso e iracundo, para poder proclamar que es una lucha justa. Incluso algunos indocumentados son capaces de afirmar, en un alarde supremo de ignorancia, que el animal no tiene capacidad para sufrir. Pero los toros no son plantas; tienen sistema nervioso igual que el resto de mamíferos, capaces de transmitir sensaciones de dolor. Este no es el rostro de ese animal rabioso y agresivo; sólo es el rostro de una criatura acorralada, asustada y herida, que lucha por su supervivencia.




Sólo los médicos y los asesinos se manchan las manos de sangre, y no veo que lleves una bata blanca, así que ya sabemos todos lo que eres, recluta.

La historia te pondrá en el lugar que te corresponde.

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