No sin mi paranoia

He observado la cara implacable del tiempo; implacable pues todo cuanto dice es que lo que ahora hagamos o digamos, todo aquello que amamos y despreciamos, nuestros mayores anhelos y miedos, nuestro futuro y nuestro pasado, serán pronto sólo arena flotando en el eterno viento de los eones.

lunes, 4 de mayo de 2009

Pepito y su hipoteca (II)

En la entrada anterior, explicaba cómo Pepito había llegado a una situación catastrófica por haberse endeudado con el banco para poder adquirir una casa. Al final de la misma dije que en una siguiente entrega haría una identificación de cada uno de los actores de la historia.

En primer lugar, Pepito representa a un tipo de comprador que se endeuda hasta las cejas para poder adquirir una vivienda, concretamente el tipo de comprador que se fía del dogma tan cacareado por inmobiliarias, banqueros y hasta gobiernos, "el precio de la vivienda nunca baja". Sin embargo, existen asombrosos precedentes (como el pinchazo de la burbuja inmobiliaria japonesa, fijaos bien que lleva bajando el precio desde hace casi veinte años) que demuestran que efectivamente, esta premisa no es una verdad de facto sino una mera estrategia de marketing.

Hay una variante de este tipo de comprador y es aquél que, teniendo una casa y queriendo mudarse a otra mejor, solicita una hipoteca y a la vez pone su vivienda a la venta, esperando obtener otra mejor gracias al desembolso de una cantidad relativamente pequeña de dinero.

El último tipo de comprador es el especulador, es decir, el que compra una vivienda esperando obtener beneficios con su venta. Esto no tendría nada de malo si la vivienda no fuera un bien básico, supuestamente garantizado por la constitución.

Vayamos con el segundo actor: los bancos. Sólo con los préstamos, los bancos obtienen suculentos beneficios. Dando por sentado que los bancos (al igual que las de la mayoría de empresas) se centran exclusivamente en maximizar los beneficios económicos, cualquier banco intentará prestar la mayor cantidad posible de dinero durante el mayor tiempo posible, para extraer el máximo de interés al pobre incauto de turno. En la época de auge económico que hemos vivido hasta hace poco, el banco ha incrementado su confianza sobre la persona de a pie y se han concedido hipotecas sobre el 100% del valor de la vivienda, e incluso más allá.

Por supuesto, no podían faltar a la cita los gobiernos. Si hablo en plural es porque ninguno de ellos, ni los de derechas ni los que se autoproclaman de izquierdas, ha hecho absolutamente nada para evitar la escalada de precios de la vivienda. Y esto es porque los ayuntamientos se financian parcialmente, y de forma especialmente significativa, con la recalificación de terrenos, y la especulación les beneficia enormemente.

La conclusión es que el primer culpable de la crisis inmobiliaria es el ciudadano de a pie que ha querido vivir por encima de sus posibilidades. Los segundos culpables son los gobiernos, que podrían haber impuesto restricciones, pero no lo han hecho porque la desgracia del ciudadano es su beneficio; y los terceros, los bancos, porque en su afán de lucro han provocado el endeudamiento prácticamente de por vida de cientos de miles de personas.

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1 comentarios:

Blogger Lda. Ross ha dicho...

Endeudarse de por vida.. Uf, se me ponen los pelos de punta..
En qué coño estarían pensando? :/

9 de mayo de 2009, 15:18  

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